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MODALIDADES ALÉTICAS AYMARAS

MODALIDADES ALÉTICAS AYMARAS (I)

Si admitimos que el aymara opera con la lógica modal, lo primero que se requiere es la aclaración del significado de los sufijos aymaras que pueden expresar un concepto modal y determinar su correspondencia con las modalidades de las lógicas alética, epistémica, deóntica o otras lógicas modales. Recuperando así las categorías modales propias de la lengua aymara.
Las modalidades aléticas (del griego alétheia, verdad), a diferencia de las epistémicas (que se ocupan del estado del conocimiento del hablante), tratan sobre la estructura del mundo, no dependen del sujeto sino de las leyes de la lógica y la naturaleza. En aymara, estas modalidades no son meros añadidos semánticos, sino que están codificadas en el núcleo de su morfología verbal y sus partículas. El idioma organiza el universo ―si acordamos con la lógica modal normal― en cuatro fuerzas latentes: la necesidad como permanencia inquebrantable (-puni); la posibilidad como una virtualidad que aspira a ser (-spa); la imposibilidad como el límite infranqueable del objeto (jani-puni); y la contingencia (ina, -chi) como el vasto territorio de lo indecidible. Este sistema permite al hablante posicionarse no solo ante lo que “es”, sino ante la trama de lo que “podría o debe ser”, configurando una ontología donde la verdad es un equilibrio entre la fuerza del destino y el reposo del azar.
NECESIDAD
La idea de que algo forzosamente tiene que ser de cierta manera está expresada por el sufijo definitivo (-puni), un flexivo de aspecto que especifica, enfatiza, asegura y define la permanencia de un objeto, una propiedad o una acción, a través de las circunstancias.
El ukhamapuni <así siempre> —o ukhampini— especifica un objeto inconfundible (por ejemplo, utapuni <(es) definitivamente una casa>), su continuidad en el espacio (kawkhans jallux ch’arant’apuniwa <donde sea, la lluvia siempre moja>) y su perduración en el tiempo (utjapunitaynawa <había habido siempre>), porque designa algo constante (misk’ik misk’ix muxsapuniwa <con tal que sea miel, siempre es dulce>) que ‘no puede no ser’ y es indudable; resiste los cambios en las circunstancias posibles ―que es la cuestión de la “identidad trans-mundana” en lógica modal. En contextos normativos puede combinarse con el obligativo (-ña) para expresar un deber ineludible (aruntañapuniwa <hay que saludar siempre>).
Entonces, para la lógica modal, lo necesario es la zona de la plenitud absoluta () o consistencia total, donde el valor de verdad es invariable y eterno, chiqapuniwa <definitivamente es verdad>. La negación janipuni <nunca> es lo imposible; pero en la oración, como en janiw qhurupinïkiti <no es cruel/severo siempre>, significa lo innecesario, lo que es contingente.
POSIBILIDAD
Lo concebible como posible está expresado por los sufijos flexivos del modo potencial (que corresponden a los pronombres) [1], los cuales muestran lo condicional, virtual o potencial, que permite inferir un consecuente hipotético (la apódosis) sobre la capacidad de acción de un agente (por ejemplo, yatiristhxa, luriristhaya <si yo sabría, podría hacer pues>).
A través de la marca de 3ra persona (el sufijo -spa) el hablante aplica suposiciones a las entidades: en tiempo pasado expresa una modalidad contrafactual (-spa-¨na), jutaspänxa <si hubiera venido>, y en futuro una previsión: jupaw jutaspa <él puede venir> ―admonición que se llamó también desiderativo porque expresa un deseo contradictorio a los hechos (Hardman, Vasquez y Yapita, 2001)―, una apertura del ser o la pulsión del existir.
Asimismo, permite aceptar que ‘así como suele suceder, no es que no puede ocurrir’ (juyphispawa <puede helar>, no es que no tiene que helar; qurïspa <si fuera oro>, como un posible no-actualizado, o usutäspa <si estuviera enfermo>). Destaca la expresión may sipanx chiqaw jutaskaspa <si decimos una cosa, en verdad puede estar viniendo>, donde lo posible es una verdad latente.
En suma, para la lógica modal, lo posible representa el estado de apertura (◊) donde el valor de verdad es un “todavía no”, que aún no germina o no se determina, chiqäspawa <puede ser verdad>. En la negación, janïspawa <puede que no sea>, es ‘posible que no’; pero decir janiw jaktkaspati <no puede revivir> es la imposibilidad de resucitar.
[1] La forma verbal no solo se organiza mediante las flexiones de persona y tiempo, sino que incluye un sistema de MODOS que marcan la actitud del hablante hacia la veracidad o realización de la acción. En aymara se distinguen cuatro modos: el indicativo, que expresa la acción como hecho factual (que realizó, realiza o realizará); el potencial (acción posible, no real); el imperativo, que expresa la acción como obligatoria (orden o exhortación); y el dubitativo (incertidumbre) —que veremos como modalidad de contingencia (más abajo). El aymara no tiene el modo subjuntivo (acción irreal, deseada, esperada), como al decir “él comiera”. Los sufijos flexivos del modo potencial son: -iristha (yatiristha <yo sabría>), -sma (yatisma <tú sabrías>), -spa (yatispa <él sabría>), -sna (yatsna <nosotros sabríamos>). Los del modo imperativo son: -m (yatim <sepa usted>), -ma (yatma <sabe tú>), -pan (yatpan <que sepa>).
Froilan Laime Ajacopa

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