No parece derivar de
qamaña <convivir>, sino del quechua kama. El concepto de camac, antes de la evangelización, fue la <fuerza que anima> (en vez de ‘crear de la nada’) o la “fuente animadora que transmite la fuerza vital a un ser o a un objeto
para que pueda realizarse” (Taylor, 2003, p. 23), pero actualmente el kama es <poder de mando, obligación, tarea> [4]; no obstante, es notable que CAMASCA ―participio pasivo de kamay― [5] sea <animado>, que recibe la fuerza animadora. De ahí que en el Manuscrito de Huarochirí (de 1608) el hombre camasca sea ‘el que ha recibido los poderes de una huaca’, y estas personas pueden decir que son ‘animados’ por aves como el cóndor o el halcón, lo que les permite volar o realizar actos extraordinarios y, además, que descubren dicha vocación mediante sueños (Taylor, 2000). Entonces la expresión quechua kamasqa se ha aymarizado como
qamasa.