La potencia para afrontar
Esta potencia de la presencia, que incluso infunde temor, procede de la cualidad de algún animal [2].
La disminución o bajada (qamasa apaqata) ocurre por algún trastorno fóbico, un congelamiento por el impacto de la sorpresa, que puede ocasionar retraimiento momentáneo [3]; pero que se recupera al entrar en contacto con otros.
No parece derivar de qamaña <convivir>, sino del quechua kama. El concepto de camac, antes de la evangelización, fue la <fuerza que anima> (en vez de ‘crear de la nada’) o la “fuente animadora que transmite la fuerza vital a un ser o a un objeto para que pueda realizarse” (Taylor, 2003, p. 23), pero actualmente el kama es <poder de mando, obligación, tarea> [4]; no obstante, es notable que CAMASCA ―participio pasivo de kamay― [5] sea <animado>, que recibe la fuerza animadora. De ahí que en el Manuscrito de Huarochirí (de 1608) el hombre camasca sea ‘el que ha recibido los poderes de una huaca’, y estas personas pueden decir que son ‘animados’ por aves como el cóndor o el halcón, lo que les permite volar o realizar actos extraordinarios y, además, que descubren dicha vocación mediante sueños (Taylor, 2000). Entonces la expresión quechua kamasqa se ha aymarizado como qamasa.
En suma, la potencia no es individual sino recibida y actualizada en relación con otros seres; no es que se tenga ‘alma de un animal’, se corporaliza un estilo de fuerza para enfrentar la adversidad, una capacidad de sostenerse y habitar, es la incorporación de la presencia de un animal.
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[1] Es este escudo de la personalidad andina que evita que los ‘traumas’ de la infancia o la adolescencia se manifiesten después en alguna psicopatología del adulto.
[2] Es un talante o ‘modo de ser’ proveniente de un animal ―ancestralmente la personalidad sería animalidad―, que puede averiguarse al samkachaña <hacer que (otro) se sueñe>, donde se le aparecerá algún animal y cuando uno visite por la mañana al que lo soñó, éste lo identificará con qamasa de serpiente, de perro, de perdiz, de sapo, etc.
[3] Alguna turbación imprevista ―como sufrir un robo o ver escapar rateros― puede provocar pusilanimidad. Aquí lo que se pierde es la capacidad de afirmarse frente al acontecimiento. Que, desde la psicología, pudiera ser el estrés postraumático o los trastornos de ansiedad.
[4] En quechua kama es <potestad, mando> y kamay <crear>, entonces kamaq es <creador, facultador>, mandante o el que gobierna, kamayuq <el que tiene potestad o ejerce una ocupación> ―que en aymara es kamani <que tiene una ocupación>, es el encargado― y kamachiq <autoridad>; en ambos idiomas kamachi <ley> es norma, ordenanza.
[5] El participio pasivo muestra una acción ya terminada y quién recibe la acción, p.e. ‘sabido’, ‘comido’. En quechua, digamos sayk’usqa <cansado>, tarpusqa <sembrado> y en aymara: qarita <cansado>, satata <sembrado>, jiwata <muerto>.


