El mullu perdido
La “fuerza de voluntad”, viveza y tranquilidad de la persona es sostenida por el animu <ímpetu, ganas, esfuerzo>, que sería la “sombra pequeña” ―pero que, antiguamente, habría sido el mullu ‘que vive en el hombre y se les pierde, por despavorido, quedando sin sentido, como muerto o atónito’ (Bartolomé Álvarez, 1588, citado en Albó, 2015) [1].
La pérdida de mullu (que ahora se dice animu chhaqhata) ocurre por un acontecimiento de terror, por mulljasiña <asustarse> o, como registró Bertonio, por mullawara un <espanto que asombra>, que deja aturdido y desconcertado, un desgaje de la fuerza de serenidad; y si el amedrentamiento chhijuyaña <atemorizar> persiste puede derivar en abulia y vulnerabilidad permanente [2].
Se puede discernir que es el qamasa lo que protege ante el miedo y el ajayu el que mantiene con salud. También serían protectores los antiguos collares rojos o las figuras serpenteantes en los tejidos [3], siendo el MULLU algo como una envoltura protectora ante los sobresaltos del mundo; entonces mulljasiña sería como jar-ja-si-ña <desatarse>, deshacerse, desmoronarse.
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[1] Probablemente, antes de incorporarse el término ánima, lo que se perdía al sufrir una experiencia de pavor fuera la mulla (Fernández, 2004), de ahí que se diga amullt’aña al perder la voz por miedo. No obstante, el vocablo designa variadas referencias: la mulla <bilis>, líquido biliar que puede reventar en los animales, el mulli <planta medicinal>, el mullu <sebo de llama>, el mullu <piedras rojas para collar>, el mullu <molusco marino> (quechua), el titi mullu <piedrita en mesa ritual> y la mullja <susto>.
[2] Este aturdimiento por un evento horroroso puede estar relacionado, desde un enfoque etnopsicológico, con la ansiedad desintegrativa, el estrés emocional o el ataque de pánico.
[3] Bertonio anotó que mullu era “piedra o hueso colorado como coral con que hacen gargantillas. Y también usan de él los hechiceros”. Está presente también en el tejido, lo que ahora se llama mullu t’umu <trenzado de rombos en el tejido> ―o el p’uyu <rombo>, sea en el aguayo o en la honda―, pero mullt’iña fue ‘andar la culebra, o la balsa” (ondulante), y mullutuma fue “una especie de culebras grandes, negras y coloradas. Y también es el cordel con que las indias atan su faja, hecho de diversos colores” (Bertonio, 2011).


