EL AJAYU

La integridad vital

La salud corporal se nombra como k’umara <sano>, sin dolencias, y lo que mantiene la vitalidad con el Pacha ―no ‘bienestar espiritual’ [1]―, es el ajayu, la “sombra grande” que acompaña a cada uno.
Es la “fuerza de vida” que integra al jaqi (con salud ‘física y mental’) como una energía vivificante, de cada persona, y que garantiza el bienestar con los achachila y la Pachamama, aquello con lo que se permanece vinculadamente vivo ―no es una sustancia racional separada (como sería el alma). Es visible como ch’iwi <sombra> ―ya Bertonio registró jajayu como “la sombra de todas las cosas”―, que va junto a uno o a cierta distancia.
Pero se puede apartar del cuerpo (ajayu jalaqata), por el susto, una caída o accidente, por dormir en lugar sagrado o por caminar en ‘mala hora’, ocurriendo entonces la katja <agarre> —quedar atrapado en la tierra, apresado en un sitio maléfico, retenido por el rayo [2], etc., o incluso ‘devorado’ en ese lugar—, resultando así la persona expuesta a ser acompañada por los malignos (se dirá de ella que está saxrampi <con el malvado>), que amenaza la integridad.
Por esa disociación psicosomática el afectado puede entrar en depresión, enfermar y morir [3]; entonces para curar al debilitado ―t’ukhantata <enflaquecido> y con los ojos hundidos y allqa― un yatiri o ajayero debe “llamar” a su ajayu [4]. Suele decirse, además, que hay el jañayu ―una variante― que si se lo pierde (thuqhuqata ‘saltado’ por susto), ocasiona cefalea y mareos.
De modo que la salud es un asunto bio-ecológico y, si el ajayu mantiene la vitalidad del jaqi en relación con el Pacha, entonces la enfermedad tampoco está solo en el organismo individual.
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[1] No se quiere simplemente remplazar el dualismo de la salud corporal y salud mental, con bienestar ‘espiritual’ (soplido), remitiendo así a la dimensión religiosa o de creencias. Más bien es el estado de sanidad plena con el entorno (tampoco separado en físico y cultural).
[2] A veces al rayo (o el sitio donde cayó el rayo) suele llamarse Pacha, pero habrá que distinguirlo de este concepto omniabarcante del cosmos viviente.
[3] Mientras que el animu es ímpetu y ganas para actuar, el ajayu permite mantenerse entero como viviente. La pérdida del primero produce abatimiento y miedo; la pérdida del ajayu compromete la integridad misma de la persona, puede desintegrarse su condición vital.
[4] ‘El/la que sabe’ va ajay khiwxataña <batir/envolver con la mano> sobre la persona, agarrando una prenda suya, llamando por su nombre propio ―el ajayu es personal―, incluso haciendo comer algo de tierra (laq’a) del sitio donde se asustó ―por la vinculación a la tierra―; entonces regresará en forma de algún insecto o pájaro

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