El intelecto, aunque alojado en la cabeza, va más allá de la filosofía de la mente (como imágenes internas), no se reduce al cerebro, sino que es corporizado y extendido, son inteligencias puestas en práctica, son modos de estar en el mundo. ¿Y cuáles son esas capacidades o habilidades de resolver problemas, producir, adaptarse y alcanzar éxito? Están asociadas a la agilidad, dedicación y vivacidad del sujeto, expresada en las siguientes cualidades: i) ser tuji <curioso(a) e inquieto(a)>, ser husmeador, atento, prolijo, meticuloso, estar alerta y listo ante los sucesos; ii) ser
q’apha <activo, animoso>, proceder con presteza, diligencia, prontitud —lo contrario de ser flojo, lento (tarma) y dejativo—, obrar con esmero y constancia; iii) ser
ch’ikhi <inteligente, ingenioso>, siendo hábil en aprender, perspicaz en comprender, sagaz en razonar, versátil en hacer conexiones y con buen discernimiento en el juicio; iv) ser p’ikhu <instruido y contento>, ser ilustrado, memorioso, saber de todo como un erudito y tener alegría
para compartirlo. O también cualidades personales como ser urqi <prudente>, que obra con cautela, es astuto y precavido; khurkhu <curioso, intruso>, que quiere ver, entrometido y acaparador; thijwa <travieso>, molestoso, curioso, hurguete; atinu <confiable>, firme, seguro, imperturbable, cumplido; llamp’u <apacible>, paciente, calmado y humilde; axa <manso>, dócil y obediente —axachaña <domar>—;
qhuru <severo>, malo, riguroso y pendenciero; ñaxu <cruel, feo>, desatinado, disparatado o ilógico; apusi <orgullo>, altanería —apusnaqa <vanidad>, soberbia o arrogancia, apusnaqiri <presumido>—, apuqu <descuidado>, despistado, desaliñado, imprudente y olvidadizo.
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El texto resalta cómo, en la cosmovisión aymara, la subjetividad del jaqi (ser humano) no se reduce al pensamiento racional, sino que surge desde el chuyma, centro vital que abarca lo espiritual, emocional y cognitivo. Conceptos como ajayu, animu y qamasa revelan una comprensión integral del cuerpo y del alma. Además, la inteligencia se expresa como práctica viva, encarnada en cualidades como tuji (curioso), ch’ikhi (ingenioso) o p’ikhu (sabio y alegre). Este enfoque muestra una forma profunda y relacional de ser en el mundo, basada en equilibrio, conexión y sabiduría ancestral.
El chuyma, más que un órgano, es el centro vital desde donde brotan el pensamiento, el sentimiento, la memoria y la voluntad en la cosmovisión aymara. Es un núcleo ético y emocional que da forma a la subjetividad del jaqi (ser humano), conectándolo con sus raíces, su comunidad y la Pacha. A través del chuyma, se percibe, se comprende y se actúa con compromiso y equilibrio. No se trata solo de emociones, sino de una sabiduría interior viviente que guía el sentir, el pensar y el hacer.
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